"Carta a David" / Luz Garaycochea

CARTA A DAVID
En el alba de la fría mañana, el viento emitía su eco, los rayos apenas dejaban relucir la oculta belleza de la arboleda y lo cánticos de las aves hacían del paisaje el más acogedor.
Él se encontraba allí, en el campo desde muy temprano para cuidar la chacra de sus padres. David, era apenas solo un niño deambulando y pensando en lo hermosa que era su tierra. Prometió que nunca la dejaría. Tierra que lo vió nacer y que también lo vería morir.
Aquellos tiempos fueron de armonía, alegría y confraternidad. David logró encontrar en ella su razón de vida, su hogar…
Pocos días después, sus padres decidieron enviarlo a la ciudad. David se resistía. No había razón para hacerlo, él decía en su mente. Lo que el no sabía es que el peligro estaba al acecho.
Llego a Lima, a la casa de su tía María. David se sentía solo, engañado y triste. A pesar de que sus padres le habían prometido que muy pronto estarían con él, no fue así…
A la semana siguiente, con su inmensa  timidez, oyó repentinamente en el cuarto del fondo del pasillo, el sollozo de su tía. La puerta estaba entreabierta. María rompió en llanto luego de recibir una llamada. Al instante, se percató de la sutil presencia de David. Seco sus lágrimas, mientras el pequeño, confundido, no entendía la gravedad del asunto y  sus manos empezaron a temblar. No sabía si empujar la puerta e ir tras de su tía o si guardar la calma y simplemente no hacer nada.
María volteo lentamente, y en su rostro se veía dibujado la tristeza misma; “Acércate David”, dijo estirando su brazos. Un fuerte abrazo bastó para hacerle entender al niño que algo andaba mal y su destino sería distinto a partir de ese día. Los días, las semanas los meses y los años pasaban y sus dudas  no aclaradas lo angustiaban más y más.
Con barba y el cuerpo fornido, David se había convertido en hombre adulto. Y no en cualquier hombre, sino en un hombre con el corazón herido y a la vez vigoroso, con el alma destrozada y a su  vez victoriosa.
Era el momento donde la protección de su tía acababa y él debía saber  toda la verdad. María saca entre sus manos una carta:

CARTA A DAVID…
Hijo, seguramente en este momento ya eres todo un hombre. Solo deseo que sepas que siempre tu padre y yo deseamos protegerte y todo lo que hemos hecho en esta vida es por ti. Si estuviéramos a tu lado en este preciso instante estaríamos orgullosos de tus logros, lo aseguro. Es por eso que tuvimos que luchar por tu bienestar,  por tu seguridad, por tu vida.
Tú eres apenas un chiquillo, ¿qué nos ibas a entender?…Nuestro pueblo está siendo amenazado por unos vándalos invasores que arrasan con todo lo que ven a su paso, matan niños, matan mujeres, ancianos y hombres sin pudor. Debemos luchar por salvar nuestra chacra, nuestros animales, nuestro hogar. No deseábamos que estuvieras aquí y vivieras este mar de sangre. Estamos muy tristes al saber que tal vez nunca más te veamos pero estarás es muy buenas manos con María, mi hermana.
Tal vez ya estemos muertos, pero fue para cuidarte y ganar esa linda vida que buscamos siempre para ti.
Nunca dejes tu hogar. Si llegases a tener una familia, amala, cuídala y protégela con tu vida misma. Es el mejor regalo y muestra de amor que puedes dar. Hazlo hijo mío, hazlo, obedece a tu madre. No olvides que siempre te amamos…siempre…mi bello David…”

Y así lo hizo David…
FIN


POR: LUZ IVANNA GARAYCOCHEA AVILA 


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