"Voz por un día" - Crónica - Feria "Voces por el Clima"


“Voz por un día”
(Crónica)


No son días comunes, ni son solo días; son voces, voces que se encuentran.
Él lo sabe  y lo siente cuando con sus palabras, su esfuerzo y voluntad se suma a la iniciativa.

Basta un gorro, azul por cierto, un polo blanco, para ser preciso, y una identificación, para empezar el rol de cada voz: instruir a los miles de asistentes, que en un futuro serán de aquellas voces que se hagan escuchar con el lema: ¡Cuiden su planeta!

Con la ansiedad, los ojos dubitativos, la adrenalina a mil y nervios en los pies, recibía a la muchedumbre entre niños, jóvenes y adultos, extranjeros y peruanos quienes curiosamente llegaban a un espacio de participación que refleja la diversidad en propuestas sobre cambio climático: La Feria “Voces por el Clima".
Los minutos corrían en el tiempo y llegaban cada vez más, más y más personas a quienes dar la bienvenida.

Muchos entraban sabiendo poco, otros sin saber nada. ¿Qué es La COP20? Preguntó una pareja de jóvenes peruanos: en ese instante no había más que responder solo a su pregunta. He aquí la paradoja: ¿Porqué si hablan de no contaminar me entregas estos papeles, folletos, revistas y pines? Acaso, ¿no contaminan también?
Una paradoja inquietante y que dejaría a más de uno con la mente en blanco.

Y la alegría de niños entre 7 y 9 años llegó. Entraron al pabellón “Montañas y Agua'' como una gran delegación, vestidos en buzo de distintos colores que llenaban de vida el pequeño espacio; unos gritando, otros hablando y otros que miraban las musarañas y solo preocupados, a la vez ansiosos de recibir blogs y lapiceros: lo que nos hacía milagrosamente llamar su atención.

En realidad, todos ellos entusiasmados por los regalos y el mershandaising que  contagiaba a entrar a grandes y chicos al pabellón.

Explicar los paneles de una manera simple para quienes son el futuro, no resultaba fácil a no ser que fueras un típico profesor de primaria: sinónimo de paciencia.

Esa enorme simpatía y el rico sentir de juventud hicieron que levantara los ánimos para guiar al resto de personas que venían detrás; a pesar del fuerte dolor e hinchazón en los pies. Y es que era sencillo: el pabellón de Montañas y Agua, a diferencia del pabellón de Bosques, Océanos, Energía y Ciudad Sostenible, era el más visitado.

El inglés no era su fortaleza. Además, no era la exclusividad. Alemanes, franceses, japoneses, italianos y hasta españoles también aparecían como moscas en plato. Así que lo propicio era saber de todo un poco.

Sin darnos cuenta una feria ambiental se volvió un espacio de intercambio cultural.

Y las personas, ¿qué sucedió? En sí, el grado de visitas disminuyó, la carga solo eran en las mañanas, en la que cantidad de colegiales en sus gigantes buses asistían; fue así que la conversación fluyó como pájaro en mano. La emoción perduraba, ¿cómo no? si seres de otras realidades se cruzaban para enfrentarlo en un mundo de retos externos.

Cuatro, grandes y de forma rectangular eran los paneles, por el que transitaban
los visitantes.
Un gigante cúmulo de piedras de algodón era el centro de atención del pabellón: "las apachetas”,símbolo de adoración a la Pachamama por los antiguos pobladores andinos. Hacían a más de uno relajarse sentándose sobre ellas, totalmente suavecitas, y por ende tomarse fotos para el recuerdo, la mayoría con una sonrisa dibujada de oreja a oreja con la intención de decir: "yo estuve aquí".

Entre un panel y otro del lado izquierdo del pabellón, una carretilla blanca, muy pequeña, alborotaba a todos.
Y es que el calor volvía sedientos a más de uno: caía perfecto una rica raspadilla proveniente de los propios glaciares. Una gran cola sacio a muchos, pero unos cuantos se quedaron con la ganas de degustar el refrescante frío del hielo en su boca.

Un auditorio construido, acogedor y de madera; un área de prensa pequeña con una mesa sobre la que se sentaban ocho laptops con diferentes  nombres: Apple, Toshiba, Hp, etc. para redactar notas, editar vídeos, y subir a la red de redes fotos en cantidad del mismísimo evento, del mismísimo encuentro, de familias en busca de un Perú sostenible.

Llegaba el ocaso y la despedida tajante cortaba su ilusión. Sin olvidar, que mañana seria otro día, otro día de experiencias, de emociones, de amistades;  otro día siendo “voz por un día“...


LUZ GARAYCOCHEA AVILA
REDACTORA

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